quiere estar más segura

Perspectivas de la Izquierda

Publicado: 2013-12-07


Están muy equivocados quienes crean que la izquierda peruana tiene un sombrío panorama en frente. Sin embargo, no estamos afirmando que todo aquí es color de rosa. Es verdad que los resultados del 24 de noviembre son exiguos para un sector de la izquierda (7.6 % para Tierra y Dignidad), pero las cosas pueden empezarse a ver de otra forma si a ellos le sumamos las preferencias por la centro-izquierda (5.1 % para el Partido Humanista). Ahí tenemos casi un 13 % de sufragios por el centro izquierda, expresado en agrupaciones que arrastran una serie de errores de manejo político y el pasivo de la gestión de Susana Vilarán. También es verdad que en las elecciones regionales y municipales del 2014, los resultados pueden no ser tan favorables a la izquierda, pero eso será resultado básicamente de la naturaleza de las contiendas regionales en donde el electorado mira hacia adentro, multiplicándose las voces en desmedro de propuestas nacionales.

Sin embargo, en las elecciones generales del 2016, el panorama se presentará mejor para la izquierda. Hay un electorado iracundo que podría sumar un 28 %, un votante con añejas exigencias redistributivas, que no pierde la ocasión para volcarlas sobre una candidatura. No habiéndose integrado al mercado, a diferencia de los emergentes, su ilusión en la política languidece y renace con fuerza una y otra vez. Por ello, si bien puede fragmentarse en múltiples voces durante las contiendas regionales, en las nacionales requiere de una sola voz y la voz que tendrá a la mano en el 2016 no pude ser otra que la izquierda.

La primera y más obvia de las razones es que en los últimos años se ha ilusionado y desilusionado de casi todos las candidaturas. En ese sector electoral, los que ahora son mayores de 50 años votaron por la izquierda en los años 80, pero ya en 1990 estaban dispuestos a buscar otras opciones. Con las nuevas generaciones, esta tendencia prosiguió su curso. En los años que siguieron, apoyó a Fujimori, aunque por periodos dio su voto a la UPP y su intención de voto a Andrade y Castañeda. En el 2001 se ilusionó con Toledo y en el 2006 y 2011 con Humala. En este último año llegó a Palacio, pero solo hasta la puerta. Este electorado defraudado una y otra vez, es distante con respecto Keiko y abomina a Alan García. Tiene cierta consciencia macroétnica: se siente mestizo-cholo (aunque no hable mucho de ello) y por esa vía principalmente rechaza a quienes se presenten abiertamente como de derecha (PPC, PPK). También ha quedado algo de la prédica nacionalista de Ollanta antes de asumir la presidencia, lo que sin duda fue allanando el camino para la izquierda. Como vemos, se trata de un electorado que no ha sido estable políticamente hablando y que ahora, decepcionado de todos los candidatos fuertes, no tendría muchas opciones.

Por ello el Frente Amplio es una apuesta con viabilidad en el mediano plazo, y eso significa que podría hacer un buen papel en la primera vuelta. Solo falta trabajar una candidatura idónea y darle forma a la unidad. Esto lo saben bien los dirigentes de los partidos que lo integran y de ahí quizás que se muestran duros ante las críticas de quienes quieren llevarlos por la senda de la centro izquierda.

Aquí hay una diferencia entre aquellos que tienen como “gran meta” una buena votación en la primera vuelta (claro está, con miras a una salida estratégica de carácter revolucionario; el viejo mito de la izquierda) y quienes quieren ganar las elecciones para los dos poderes del Estado (con miras a una transformación realista en función de las necesidades de la gente y no de las ideologías ni de la tradición política). Con lo primero, la izquierda lograría un buen pull de congresistas mientras que sus electores –algunos de ellos, en realidad los que se movilizan–, aliados en el parlamento. Pero no más.

Sin controlar el gobierno nacional no se pueden realizar los cambios necesarios para atender las demandas de las poblaciones pobres (solo una lucha eterna en las calles y en las carreteras que permitirán conquistar algunas reivindicaciones; y así por décadas). No dudo que la izquierda con una definición ecologista y radical, podrá lograr una buena performance para el legislativo, pero, tal como están las cosas en el Perú, no para el gobierno. Además, insisto –y esto es lo más triste– no creo que los dirigentes estén pensando en esta posibilidad. Solo un Frente Amplio de centro izquierda podría aspirar con seriedad a ganar las elecciones del 2016 y garantizar un gobierno que lleve a cabo políticas de justicia y equidad sin destruir a sectores –medios tradicionales, emergentes y empresariales– que antes bien pueden ser una suerte de motores del crecimiento necesario para lograr los cambios que el Perú requiere. Políticas de justicia y equidad como se ejecuta en Brasil y Uruguay, y antes y próximamente en Chile, con gobiernos de centro izquierda.


Escrito por

Augusto Ruiz Zevallos

ARZ es historiador y ensayista, además de profesor de Realidad Nacional y Filosofía de la Historia en la UNFV y en la UCSUR.


Publicado en

Pasado y Presente

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